El príncipe llegó tarde
1996: el Spectrum todavía tenía cosas que decir
El visir Jaffar aprovecha la ausencia del sultán para hacerse con el poder, encierra al protagonista en las mazmorras y concede a la princesa una hora para elegir entre casarse con él o morir. El príncipe dispone exactamente de esos sesenta minutos reales para escapar y estropearle la boda al señor de la capa.
Las mazmorras y el palacio forman una carrera de obstáculos con guardias, rastrillos, placas de presión, pinchos y baldosas que se desploman al pisarlas. Cada salto tiene inercia y cada giro tarda lo suyo: aquí correr como pollo sin cabeza suele terminar, técnicamente, sin cabeza.

Corre que se acaba la hora
Acrobacias en 128K y sin red
Prince of Persia convirtió cada cornisa en una negociación con la gravedad. Un paso corto, otro largo y, de repente, cuchillas. Los noventa tampoco venían con modo fácil.
Esta pieza celebra una conversión tardía y sorprendente, perfecta para quien siguió queriendo al Spectrum cuando el resto del barrio ya presumía de consola de 16 bits.
Resolverlo exige dominar carrera, salto y agarre de cornisa, accionar losas y palancas para abrir puertas y conservar tiempo y energía para los duelos. Tras atravesar las mazmorras y el palacio toca vencer a Jaffar y alcanzar a la princesa antes de que caiga el último grano del reloj. No hay guardado rápido que valga: 1996 seguía siendo territorio salvaje.












